Dentro de la diversidad de técnicas prospectivas destacan cuatro grupos principales, que suelen denominarse “métodos mayores” y son el gravimétrico, el magnético, el eléctrico y el sísmico. Los dos primeros son métodos de campo natural, y los dos restantes de campo artificial (con excepción de algunas modalidades). Es decir, que en el método gravimétrico y magnético, se estudian las perturbaciones que determinadas estructuras o cuerpos producen sobre campos preexistentes, que son el de la gravedad terrestre y el geomagnético, mientras que en el eléctrico y en el sísmico es el propio prospector el que crea el campo físico que va a estudiar, lo que presenta la gran ventaja de que puede darle las características más adecuadas para el fin propuesto. Esto no quiere decir que puedan establecerse relaciones de superioridad entre unos y otros métodos de prospección, pues la eficacia de estos depende de cuál sea el problema propuesto.
(Texto extraído de Ernesto Orellana, 1972)
Para alcanzar los objetivos, además de los medios disponibles, es fundamental basarse en todo el conocimiento previo (geología superficial, datos de pozos, geoquímica, etc.), en la objetividad y en el trabajo interdisciplinario.
Las condiciones que favorecen o aconsejan el empleo de los métodos geofísicos tienen que ver, en primer lugar, con la insuficiente información obtenida por métodos más directos, como la geología de superficie, la información desde perforaciones o la geoquímica, entre otros, insuficiencia que puede deberse a escollos técnicos o bien a costos excesivos. En segundo lugar, con la existencia de respuestas físicas medibles en función de los prospectos de interés geológico, sean éstos de índole económica o puramente académica. En tercer lugar, con la factibilidad de resolución técnica práctica en la ejecución de el o los métodos potencialmente útiles. Y naturalmente, en cuarto lugar, en las ecuaciones de costos (gastos o inversiones) y de los potenciales beneficios, o sea la relación costo/beneficio.
Ahora bien, dadas la primera condición general y la segunda para varios métodos con respuestas comparables, serán las posibilidades de abordaje práctico de la problemática a resolver y las diferentes alternativas de costos versus beneficios las que permitirán tomar la decisión de emplear uno u otro método geofísico, con tal o cual modalidad, o varios de ellos en forma complementaria, o ninguno. La relación costo/beneficio estará siempre presente, incluso cuando el beneficio no sea netamente económico sino más bien cualitativo en términos de un conocimiento buscado por su importancia científica o el prestigio académico. Gastamos más (recursos técnicos, mano de obra, esfuerzos, tiempo) cuando creemos poder ganar más, apostamos más cuando el premio es mayor o bien mayor es la probabilidad de ganarlo.
Actualmente más del 95% de la inversión mundial en estudios geofísicos está vinculada con actividades petroleras y cerca del 90% del gasto en geofísica corresponde a prospección sísmica y acústica.